Por Luciana Francis, jefa de Ciencias del Bishop Mackenzie International School (Malaui)
¿Qué ocurre cuando se hace ciencia fuera del aula, en una de las áreas de conservación más importantes de África?
Esa fue la pregunta que exploramos cuando el alumnado de Ciencias del Programa del Diploma viajó al Parque Nacional Liwonde, en el sur de Malaui, para llevar a cabo su proyecto científico colaborativo. Situado a orillas del río Shire, Liwonde es conocido por su biodiversidad, su labor de conservación y los complejos desafíos ambientales a los que se enfrenta el parque.
Nuestro objetivo era sencillo: ayudar al alumnado a experimentar la ciencia en situaciones reales, trabajando de forma interdisciplinaria para investigar problemas de conservación auténticos.
También aprovechamos el proyecto de creación colectiva para fortalecer sus habilidades de cara a la evaluación interna.
Durante varios días, diseñaron y llevaron a cabo proyectos de investigación sobre la calidad del agua, las especies invasivas, la gestión de residuos y las interacciones entre las personas y la fauna silvestre. Lo que descubrieron trascendió ampliamente la ciencia.

Los problemas del mundo real no encajan perfectamente en una sola asignatura
El alumnado no tardó en darse cuenta de que cuestiones como la pérdida de biodiversidad, las especies invasivas y la calidad del agua requieren conocimientos procedentes de múltiples disciplinas científicas. Uno de los proyectos, centrado en el jacinto de agua, combinó biología, física, química y diseño, ya que el alumnado examinó su impacto en los ecosistemas acuáticos, midió la calidad del agua y propuso soluciones prácticas de aireación.
La experiencia reforzó la idea de que la indagación científica significativa suele producirse en la intersección de distintas asignaturas. Además, mostró al alumnado que los problemas complejos se comprenden mejor cuando se integran perspectivas diversas.
Aquí es donde el proyecto científico colaborativo aportó un valor real: el alumnado no trabajaba de forma aislada, sino que aprendía cómo la colaboración entre la ciencia del deporte, la biología, la química, el diseño y el pensamiento propio de las ciencias ambientales puede generar soluciones más sólidas y prácticas.
El trabajo de campo es el aula por excelencia
Nada prepara al alumnado para el trabajo de campo como vivirlo en primera persona.
Cada día comenzaba antes del amanecer, cuando abordaban embarcaciones en el río Shire o participaban en recorridos de observación de fauna para recopilar datos. A medida que cambiaban las condiciones, aprendían que la ciencia real rara vez es predecible.
Trabajar en un entorno dinámico impulsó al alumnado a adaptar sus métodos, pensar de manera crítica y tomar decisiones en tiempo real. Pasaron de estudiar ciencia a experimentarla de primera mano.
Los desafíos suelen generar las mejores oportunidades de aprendizaje
No todo salió según lo previsto, y eso formó parte del aprendizaje.
Nos encontramos con fallos en los equipos, problemas de calibración y obstáculos ambientales que obligaron al alumnado a replantear y adaptar sus enfoques.
El alumnado respondió con una auténtica mentalidad científica: recalibró equipos, repitió ensayos, ajustó métodos y documentó las limitaciones en sus evaluaciones.
Ver cómo respondían con resiliencia y creatividad fue uno de los aspectos más gratificantes del proyecto.
La conservación es importante tanto para las personas como para la fauna silvestre
Un gran número de estudiantes llegaron pensando que la conservación se centraba principalmente en los animales y los hábitats. Al finalizar, tenían una perspectiva mucho más amplia.
Un grupo exploró el impacto humano de vivir y trabajar junto a la fauna silvestre, mientras que otro investigó cómo los residuos orgánicos del campamento podían convertirse en compost para mejorar la salud del suelo.
Estos proyectos pusieron de relieve una realidad importante: la conservación tiene que ver tanto con ayudar a las personas como con proteger la fauna silvestre. A través del proyecto científico colaborativo, el alumnado comprendió que la prosperidad de las personas y la del planeta están estrechamente vinculadas: proteger los ecosistemas también implica promover el bienestar humano, medios de sustento sostenibles y comunidades sólidas y resilientes.

La ciencia puede inspirar curiosidad y acción durante toda la vida
Quizás el momento más memorable llegó durante el círculo de reflexión al final del último día.
Cuando el alumnado comentó lo que había aprendido sobre sí mismo, sus respuestas demostraron lo transformador que había sido el proyecto.
Hablaron de la confianza que habían adquirido, de cómo superaron la incertidumbre, del trabajo en equipo y de la importancia de la ciencia para afrontar desafíos reales. Gran parte del alumnado también concluyó la experiencia con una visión más clara de posibles estudios o trayectorias profesionales en ámbitos como las ciencias ambientales, la ecología, la gestión de la fauna silvestre, la fisiología del deporte y la ingeniería sostenible.
En mi opinión, esto representó el verdadero valor del proyecto científico colaborativo: se convirtieron en investigadores/as activos, capaces de plantear preguntas significativas y buscar soluciones basadas en pruebas.
Mirando hacia atrás, destacan cinco enseñanzas
Dirigir este proyecto reforzó mi convicción en el aprendizaje experiencial basado en la indagación. Liwonde ofreció al alumnado un entorno inolvidable para el descubrimiento. Sin embargo, los resultados más importantes fueron las habilidades que desarrollaron: adaptarse, colaborar, cuestionar, resolver problemas y comprender las cuestiones ambientales como parte de sistemas más amplios.
Ideas clave
- Los desafíos ambientales del mundo real requieren un enfoque que integre distintas disciplinas científicas.
- La colaboración, la resolución de problemas complejos y el pensamiento sistémico son habilidades científicas esenciales.
- El trabajo de campo ayuda al alumnado a experimentar la ciencia como algo activo, impredecible y relevante.
- Los desafíos inesperados pueden convertirse en algunos de los momentos de aprendizaje más valiosos.
- La conservación consiste en que las personas, las comunidades y los ecosistemas prosperen conjuntamente.
- La educación científica puede fomentar la confianza, la curiosidad y un compromiso duradero con la acción.
