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Juegos mentales

¿Cómo aplicar un aprendizaje centrado en el alumno con la generación Einstein y sus mentes complejas? Julie Nightingale nos acerca las interesantes propuestas de psicólogos y educadores del IB.

La mayor parte de las clases de formación docente suele empezar con un con­­sejo: recuerden cómo eran ustedes a su edad. Aunque no se ajusta mucho a la realidad, porque los alumnos de hoy po­co se parecen a sus predecesores. Los avances en neurociencia, psicología y sociología han re­volucionado nuestra forma de entender las estructuras y respuestas neuronales. Tenemos mucha más información sobre la forma en que los niños procesan la información, desa­rro­llan habilidades y se motivan. Y la conclu­sión es clara: son más listos que nosotros.

“En los últimos 20 años, ha aumentado la rapidez de los neurotransmisores”, asegura la psicóloga y madre de una alumna del IB Liesbeth van Weert. “Esta evolución se debe en parte a la enorme cantidad de informa­ción que los alumnos reciben a través de todo tipo de medios. Cuantos más estímulos, más rápido trabaja el cerebro. Eso explica que los alumnos sean capaces de hacer más cosas a la vez: pueden aprender, usar Twitter y escuchar música a la vez. Ahora el desafío es averiguar cuánto pueden aguantar antes de llegar a la sobreestimulación”.

La influencia de los modelos de conducta y los grupos de compañeros, el contexto familiar e incluso el diseño de un colegio pueden ser clave para modelar la mente de un niño. Estas constataciones han abierto la puerta a una aceptación cada vez mayor del aprendi­za­je centrado en el alumno, es decir, que la mejor forma de enseñar es entender cómo aprenden los jóvenes, qué les motiva y cuál es la mejor estrategia para que retengan y apliquen los conocimientos.
“El aprendizaje centrado en el alumno da voz al alumno”, afirma Carol Van Vooren, profesora adjunta de la Facultad de Educación en la California State University (EE. UU.) y ex directora de un Colegio del Mundo del IB. “Lo estimula a seguir progresando y lo motiva”.

ib estudiantes del Colegio GeelongEl IB se ha situado como líder mundial en el aprendizaje centrado en el alumno, aunque no inventó la idea. Hace ya un siglo Jean Piaget empezó a hablar de la importancia de una educación centrada en el niño, aun­que han sido las revolucionarias investiga­ciones llevadas a cabo desde los años setenta las que más han influido en docentes y legisladores.

Los distintos estilos de aprendizaje visuales-auditivos-kinestésicos (VAK) que tomaron forma en aquella época están hoy integrados en la política educativa de algunos países. Y el trabajo de Howard Gardner sobre las inteligencias múltiples, ha ampliado la visión sobre la educación y se ha materializado en una práctica docente centrada en siete inteligencias diferenciadas.

En 2011, Stella Vosniadou, experta en psicología cognitiva, evolutiva y educativa, estudió la transición al aprendizaje centrado en el alumno. Sus investigaciones ponen de manifiesto que la “participación activa y constructiva del alumno en el aprendizaje” es la clave. “En el aprendizaje en el colegio, los alumnos deben prestar atención, observar, memorizar, entender, marcarse objetivos y asumir la responsabilidad sobre su propio aprendizaje. Estas actividades cognitivas no son posibles sin la participación y el compromiso activos del alumno”.

Vosniadou afirma que la participación social a través del trabajo en grupo es un elemento vital, ya que permite a los alumnos asumir el papel de mentores o coordinadores y compartir recursos. La profesora Van Vooren se pronuncia en la misma línea: “Cuanto más social es la educación, mayor suele ser la motivación”. Vosniadou también destaca la importancia de un aprendizaje reflexivo, es decir, que los alumnos sean capaces de planificar y controlar su propio aprendizaje, y que se les invite a expresar sus opiniones y a defenderlas a través de la investigación, el diálogo y el debate. Esta es la principal ventaja de un aprendizaje “estructurado en torno a unos principios y explicaciones generales, y no tanto a la memorización de hechos y procedimientos”.
Muchos de estos principios resultarán familiares a los docentes del IB, sobre todo el énfasis en la participación activa del alumno. Sin embargo, esta práctica no es común en todo el mundo educativo.
La maestra del PEP Vani Veikoso Twigg, en un artículo publicado en el Journal of Research in International Education en 2010, afirmaba que los docentes pueden mostrar “reticencias a la hora de aplicar métodos basados en la investigación”. Entre los motivos, encontramos la escasa atención dedicada a estos métodos durante su formación y la percepción de que no funcionan con algunos alumnos. A juicio de Veikoso Twigg, esto último suele ser más culpa del colegio que del método.
Muchos Colegios del Mundo del IB de­mues­tran día a día que el aprendizaje centra­do en el alumno da sus frutos. Peter Bajer, profesor de Artes Visuales en el Geelong Grammar School de Australia, propuso a sus alumnos del penúltimo año de la secundaria un desafío de 24 horas: tenían que fijarse en cosas que les llamara la atención mientras se “movían en el tiempo” durante sus vacaciones escolares, desde personas en terminales de transporte hasta carteles brillando al otro lado de una ventana de un vehículo en movimiento. Algunos alumnos plasmaron las 24 horas en una película, mientras que otros optaron por documentar la misma hora durante 24 días consecutivos. Un alumno sacó 24 fotografías Polaroid de un amigo durmiendo.
De vuelta en el colegio, la tarea se convirtió en objeto de investigación y motor de creatividad: dio pie a innovadores trabajos sobre temas tan variados como la belleza de los objetos decadentes o un fenómeno neurológico como la sinestesia. La clave de este proyecto fue, en opinión de Bajer, que “los alumnos tomaron las riendas de su aprendizaje. Eran los protagonistas”.

En Ciudad de México, el aprendizaje reflexivo es también materia de estudio de Simon Clark, profesor del PEP en el Greengates School. Todos los viernes los niños elaboran las “noticias del colegio”. Analizan el perfil de la comunidad de aprendizaje del IB y cómo han trabajado sus principios. Clark también organiza una sesión de debate al final de cada unidad de investigación. “Los niños pueden compartir sus reflexiones de muchas maneras”, apunta.“Puede ser a través de un poema acróstico, una imagen o un título que refleje, según ellos, cómo han manifestado determinados atributos”.
Sin embargo, la guerra no se gana solo involucrando a los alumnos. La profesora Van Vooren advierte que los colegios pueden llegar a centrarse demasiado en los alumnos. “El colegio es una pequeña sociedad”, afirma.“ Tiene que haber reglas. Por el momento, el IB no ha perdido el equilibrio, lo que representa una buena noticia. Los alumnos son alumnos activos, pero los docentes siguen siendo los responsables de definir los resultados”.

Confían en sí mismos son independientes, obstinados y quieren que sus profesores los respeten


La neurociencia, la psicología y la sociología avanzan a velocidad de vértigo, lo que plantea otra pregunta: ¿No quedará pronto desfasada la pedagogía actual a la luz de los nuevos descubrimientos?
En opinión de Bob Burden, profesor emérito de psicología educativa aplicada en la Universidad de Exeter del Reino Unido, ahora el gran reto de los investigadores es delimitar con más claridad el papel de la motivación en el aprendizaje.
El profesor Burden apunta que uno de los mitos más enraizados sobre el rendimiento académico es que depende en gran medida del coeficiente intelectual: “Innumerables estudios han demostrado que, aunque es un factor importante, solo el 40% del resultado final depende del coeficiente intelectual. La mayoría de los psicólogos están convencidos de que, en el apartado del aprendizaje individual, la motivación es la clave”.

El profesor Burden señala que los plantea­mientos tradicionales sobre la motivación se basan en los principios conductivistas de refuerzo y disuasión, como dar estrellas a modo de incentivo y castigar los comporta­mientos inadecuados. Sin embargo, la moti­vación es mucho más compleja. “Depende de la interpretación de los individuos, del sentido que otorgan a una actividad concreta y de lo que esperan obtener de ella”. El profesor Burden define este planteamiento como “la revolución cognitiva”. A su juicio, implica reconocer que las personas no son meros autómatas que se limitan a reaccionar ante el palo o la zanahoria.

Van Weert opina lo mismo. Con una hija estudiando el PAI, cree que la curio­sidad es uno de los grandes factores de moti­va­ción y que el IB sabe estimularla. “Las intermina­bles listas de hechos que no tienen relación con la vida de los alumnos no son la respues­ta”, afirma. El aspecto inquisitorio de los pro­­gramas del IB es una gran fuente de moti­vación”. La profesora Van Vooren asegu­ra que aplicar el aprendizaje a las experien­cias de los alumnos es la clave: “Los estudios muestran que cuando vinculan el aprendizaje con sus experiencias, aumenta la actividad del cerebro y se liberan más endorfinas”.


Estudiantes del colegio ib GreengatesSegún el profesor Burden, un colegio debería enseñar a pensar de forma reflexiva, crítica y creativa, y utilizar estas habilidades para desarrollar el currículo. “Antes de pensar en la información que quieres transmitir, debes enseñar a aprender de una forma eficaz, a solucionar problemas, de forma independiente, en pareja y en grupo”, afirma. “Debes enseñarles a analizar un argumento o una obra concretos y también dotarles de habilidades creativas”.Aconseja, en primaria, elegir un tema y dejar que los alumnos lleven a cabo sus propias investigaciones; en secundaria, compartir ideas entre departamentos, colaborar y “animar a los alumnos a emplear sus ‘herra­mientas reflexivas’ en todo el currículo”.

Tracey Tokuhama-Espinosa, catedrática de educación y neuropsicología en la Universi­dad de San Francisco en Quito (Ecuador), destaca la importancia de la primacía y el tiempo a la hora de reforzar el aprendizaje: el principio y el final de la clase son el mejor momento para transmitir información vital. El resto es mejor reservarlo para que los alumnos trabajen por su cuenta en las tareas. Tal y como explicó en la Conferencia de IBAEM celebrada recientemente en los Países Bajos, los buenos profesores también saben sacar ventaja de la analogía. Dar a los alumnos puntos de referencia basados en aprendizajes o experiencias anteriores ayuda a dar relevancia a la educación, pero los do­centes deben tomar el tiempo necesario para entender a sus alumnos como individuos.

La profesora Tokuhama-Espinosa también alerta sobre la dudosa trascendencia de gran parte de la investigación sobre la práctica do­cente. Asegura que más del 80% de la in­formación científica que reciben los docentes está basada en “neuromitos” o en una sobre­generalización. Son frecuentes las exagera­ciones en las diferencias entre los estilos de aprendizaje entre sexos, y pocos indicios sustentan la idea de predominio del lado derecho o izquierdo del cerebro.
En opinión de Van Weert, las cuestiones clave son más sencillas y dependen tanto de factores sociológicos como psicológicos. La generación actual de alumnos plantea un desafío nuevo para los docentes. “Son conocidos como la ‘generación Einstein’” apunta. “Confían en sí mismos, son independientes, obstinados y quieren que sus profesores los respeten. De hecho, necesitan más la figura de un mentor que un profesor”.

“El profesor tiene que encontrar un equilibrio entre ser un tutor, un guía, un apoyo, un espejo y un garante de la disciplina”, afirma Van Weert.“ Tienen que ser capaces de abandonar su zona de confort y probar con nuevas actitudes”.
A medida que nuestra comprensión sigue creciendo, recomienda a los educadores mantenerse al día con los últimos estudios: “No sabemos qué necesitará la próxima generación, pero podemos anticiparnos y adaptar nuestros métodos. Cuanto mejor entendamos el cerebro de los alumnos, más fácil será guiarlos hacia la edad adulta”.

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“Los alumnos de hoy son los embajadores del IB del mañana”

ib Siva KumariLos alumnos ocupan un lugar impor­tan­te en el futuro del IB, cuenta Siva Kumari, directora de ope­raciones de la división de colegios del IB

A nadie sorprenderá leer que el IB no sería nada sin sus alumnos. Sin embargo, hay que recalcar que esta organización educativa, con un impacto global tan grande en una franja de edad tan amplia, siempre ha tenido claro que el enfoque centrado en el alumno es un componente esencial de su misión y sus programas.
Esta metodología cobra vida cada día en las clases del IB impartidas en todo el mun­do gracias a unos docentes con visión de futuro. Pero el IB también utiliza otras iniciativas para poten­ciar la influen­cia de los alumnos sobre el diseño y la aplicación de los programas, así como en los servicios ofrecidos durante y después de estudiar los programas del IB. Seguiremos trabajando con nuestros colegios para alcanzar estos objetivos, porque somos conscientes de que para los alumnos del IB su colegio es siempre su primer referente.
Una de las iniciativas más ambiciosas es una de las más recientes. Las conferencias mundiales de alumnos del IB nacieron de la idea de un coordinador del IB en Estados Unidos, que organizó la primera en la Oregon State Univesity en 2010. Suscitó un interés enorme y tomamos la decisión de impulsarlas como eventos oficiales del IB, puesto que ofrecen a los alumnos la oportunidad de participar en debates en línea con la declaración de principios del IB y lo que esperan de la organización. En julio de 2012, se celebrarán dos conferencias sobre problemas globales, una en Segovia (España) y otra en Vancouver (Canadá).
La elección de las universidades como escenario de las conferencias permite conectar a los alumnos con profesores universitarios y demostrar su nivel de participación. No se trata de una cuestión menor, ya que gran parte del trabajo que el IB desarrolla con los alumnos tiene lugar una vez terminada la educación secundaria. Los graduados desempeñan un papel fundamental en nuestros esfuerzos de reconocimiento, dando a conocer los programas entre profesores y alumnos.
La red de ex alumnos del IB es también una vía importante para que los antiguos alumnos sigan vinculados a la misión del IB.
Los grandes eventos no lo son todo: al­um­nos y ex alumnos realizan prácticas en las oficinas del IB y ocupan un lugar desta­ca­do en las conferencias. Nuestro de­sa­fío es ofrecer a los alumnos un abanico de opcio­nes tan amplio como sea posible para in­vo­lucrarse en la misión del IB, en todo el mun­do y con todas las tecnologías a nues­tro alcance. Después de todo, los alumnos de hoy son los embajadores del IB del mañana.