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Un mundo de palabras

Los idiomas son fundamentales en la filosofía del IB, pero ¿cuál es la mejor forma de enseñarlos? Presentamos cuatro perspectivas distintas.


Anna Chiara Forti profesora, International School of Modena, Italia

Alumnos independientes

Al haber enseñado en el International School of Modena desde 2001, estoy acostumbrada a encontrarme con niños bilingües y trilingües, y a ayudarles a aprender idiomas nuevos. En mis clases, promuevo el trabajo en grupo para dar la oportunidad a niños con distintos niveles de compartir ideas y aprender unos de otros. Intento organizar unidades de trabajo que reflejen situaciones reales, relevantes en sus vidas, para así inspirarlos a que capten el lenguaje.

Pero ha sido como madre que de verdad me he dado cuenta de la importancia de este enfoque, basado en preguntas, para ayudar a los niños a desarrollar sus habilidades lingüísticas. Mi hijo, Federico, cuya primera lengua es el italiano, no había dicho palabra hasta los dos años y medio. Cuando empezó la escuela a los tres años sin saber nada de inglés, yo no esperaba que solo siete meses más tarde pudiera comunicarse con facilidad en inglés con sus amigos y profesores. Así que hoy, tan solo 14 meses después de haber dicho su primera palabra en italiano, mi hijo, tímido y gruñón, se comunica con confianza y es prácticamente bilingüe.

Creo que el momento decisivo para Federico ha sido la unidad de indagación “Mi colegio”. Los niños exploran el colegio, hacen preguntas, toman notas y dibujan. Guiaron a visitantes (casi todos familiares), y les explicaban las distintas funciones del personal.

La profesora de Federico intenta siempre establecer vínculos con el mundo exterior, expone a los niños a todas las actividades, materiales, juegos e ideas posibles. Los temas que exploran son de interés para su edad y así adquieren un entendimiento profundo. Sus experiencias generan preguntas y se entusiasman con continuar explorando. Con la pasión y el ritmo que ha impuesto, la profesora ha creado una clase de niños curiosos, seguros y comunicativos. Son independientes y les encanta llevar la iniciativa. Llevan diarios de lectura propios, donde anotan los títulos de los libros que eligen para la biblioteca de la clase. Al aprender en un entorno que les resulta interesante y relevante, se hacen responsables de su propia enseñanza, sobrepasan las barreras del lenguaje y se convierten en personas que seguirán aprendiendo toda la vida.


Jacqueline Roubinet ex presidenta del Comité regional de representantes de directores de colegio

Trabajo duro

Pourquoi les langues ont-elles de l’importance? (¿por qué importan las lenguas?) es el título en francés de este número de IB World. Después de pasar 30 años trabajando en un colegio internacional y bilingüe, no podría estar más involucrada en este debate.

Durante 20 años estuve a cargo del École Active Bilingue Jeannine Manuel, un colegio internacional de París, y antes había trabajado allí como profesora de francés. El colegio reúne más de 60 nacionalidades, y el inglés se enseña desde preescolar. A partir de la enseñanza secundaria, dar las clases en inglés tiene un rol importante en los currículos oficiales franceses. Además de inglés se ofrecen otros idiomas, como alemán, español, italiano, chino y japonés. Por último, están todas las lenguas maternas de alumnos de todo el mundo, que tienen derecho a mantener sus lazos naturales, entre ellas el árabe, hebreo, turco y tailandés.

Los idiomas son muy importantes porque están directamente unidos al desarrollo de la mente. Son vitales para entender a los demás, sus culturas, raíces, formas de pensar y de vida, y, hoy día, en nuestro mundo globalizado, quien habla un solo idioma está prácticamente “incapacitado”. Aprender otro idioma debería comenzar antes de los seis años, ya que la mente del niño necesita desarrollarse y además es muy maleable. Los niños aprenden idiomas sin esfuerzo alguno. El bilingüismo no hace más lento el aprendizaje sino que lo fortalece y lo hace más versátil. Aquí es donde la comunicación entre diferentes naciones comienza.

Fui testigo del comienzo del IB en Europa. Fui representante de Francia en los órganos de administración durante 10 años, de 1984 a 1994. Los programas de idiomas ya estaban por entonces totalmente desarrollados. Y han seguido evolucionando, con aplicaciones educativas en cada nivel. No obstante, si queremos que nuestros alumnos aprendan, hablen y escriban en otros idiomas, y para mostrarles lo útiles, si no esenciales, que las lenguas son como requisito para los hombres y mujeres del siglo XXI, no hay tiempo que perder.


Ania Prawdzik profesora de idiomas, International School of Lusaka, Zambia

Ciudadanos locales

La ciudadanía global comienza con la local, y esta es posible solo a través de la capacidad en la lengua local. He trabajado en cuatro Colegios de Mundo del IB, incluidos dos que estaban obligados por la legislación del país anfitrión a incluir el idioma nacional en el programa de estudios. Me preocupa que los estudiantes de mi colegio actual, aunque vivan en un estado en el que es muy posible comunicarse a diario solo en inglés, no estén aprendiendo ningún idioma autóctono de Zambia.

Los idiomas que enseño, inglés, francés y español, les ayudarán a convertirse en ciudadanos globales y, probablemente, a conseguir mejores trabajos. Pero al no darles la opción de aprender un idioma indígena en el colegio, les estamos privando de la oportunidad de convertirse en miembros activos de su comunidad local. Al observar cómo a un grupo de estudiantes del Programa del Diploma le costaba mucho comunicarse con niños de la calle en un centro de transición en el distrito de Kalingalinga de la capital, me di cuenta de la brecha que hay entre mis estudiantes y gran parte de la sociedad local en la que viven. El único que pudo establecer contacto con sus nuevos amigos de dormitorio era también el único de todos ellos que intentaba aprender Bemba. Es preocupante que solo unos pocos de mis cien alumnos hablen un idioma autóctono de Zambia, a pesar de haber vivido más de la mitad de sus vidas en el país.

Aprender un idioma y poder practicarlo en su entorno inmediato hace que los estudiantes ganen confianza y les da mayor motivación para aprender otras lenguas, como las que yo enseño. La promoción de las lenguas indígenas también puede combatir el “imperialismo lingüístico”, al dar reconocimiento e importancia a lenguas y culturas que los hablantes de idiomas “internacionales” han podido considerar inferiores.

En mi opinión, todos los colegios internacionales deberían incorporar en su programa la enseñanza de la cultura y lengua del país anfitrión, aunque haya que elegir un idioma local de entre docenas. Incluso una clase obligatoria de conversación a la semana puede ayudar a que los estudiantes se abran a un entendimiento más profundo de lo que les rodea, poner así fin al “ellos y nosotros” y dar comienzo al “tú y yo”.


Mónica S Dulcic Ferraris profesora de español, Zurich International School, Suiza

Vivir la lengua

Como profesora de español en los Colegios del Mundo del IB y otros centros no asociados, he descubierto que la mejor manera de enseñar una lengua extranjera es hacer que los estudiantes la vivan. Una forma de conseguir esto es introduciendo situaciones cotidianas como parte de la clase. Pedir permiso para ir al baño, decir la fecha y la hora, hacer comentarios sobre el tiempo, pasar lista, saludar y despedirse al comienzo y al final de cada clase, gestos educados como “gracias” y “lo siento”, toda interacción es una oportunidad para que los estudiantes usen la lengua. El aprendizaje se refuerza automáticamente. Cuando un alumno estornuda, le digo ¡salud! o ¡jesús! La primera vez que oyen esta expresión no la entienden. La segunda, reconocen la palabra. A la tercera, responden ¡gracias!

Este enfoque puede exigir mucho esfuerzo, pero es comunicación real entre gente real, nacida de necesidades comunicativas reales. Después de un tiempo, los estudiantes se acostumbran a ello, y llega un momento en el que me preguntan por la traducción de palabras comunes.

Otras oportunidades de vivir la lengua surgen al relacionar los contenidos del curso con el mundo exterior, fuera de la clase. La zona local puede ofrecer recursos (artísticos, comerciales, institucionales) para actividades relevantes, o llevar visitantes que hablan el idioma a las clases.

Vivir el idioma ayuda a crear conciencia intercultural y sensibilidad hacia distintas perspectivas y ayuda a los estudiantes a desarrollar una mentalidad internacional. Como afirman muchos lingüistas, la lengua influye en nuestros pensamientos y en la forma en que vemos el mundo. Aprender una lengua extranjera ayuda a entender de verdad la visión que otros tienen del mundo.