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Implementación del Programa del Diploma del IB en un colegio “rural”: La experiencia de Isla Príncipe Eduardo, Canadá

Lori Ronahan, coordinadora del Programa del Diploma del Colonel Gray High School, Charlottetown, Nueva Escocia

Debo admitir que cuando se me pidió que escribiera un artículo sobre la implementación del Programa del Diploma en un colegio rural me hizo un poco de gracia. Después de todo, Charlottetown es una ciudad de cerca de 60.000 habitantes y es la capital de Isla Príncipe Eduardo. Aunque nuestra provincia es la más pequeña de Canadá, tenemos una infraestructura comparable a la de las ciudades más grandes del país: aeropuerto, centros comerciales, hospital, universidad, facultad, etc. Pero luego me di cuenta de algo: ser un colegio rural no está dado necesariamente por la ubicación geográfica. Los colegios rurales pueden definirse como aquellos colegios que tienen un grupo más reducido de alumnos que potencialmente cursarán el Programa del Diploma del IB, o como aquellos que aceptan más la tradición que el cambio, o como aquellos en que el concepto de ‘internacional’ es algo relativamente nuevo.

El camino hacia su implementación ha sido interesante. Para quienes recibieron hace poco la autorización, los formularios de solicitud, la visita al sitio y la expectativa de recibir buenas noticias son experiencias que les resultaran familiares. Todo el proceso supone mucho trabajo, pero es algo por lo que todos los Colegios del Mundo del IB han tenido que pasar. Lo que hizo que el proceso en el caso de nuestro colegio rural fuera distinto es el hecho de que significó un cambio filosófico y logístico muy grande.

Nuestro departamento de educación y las autoridades escolares del distrito (Eastern School District) jugaron un papel decisivo en la introducción del programa en la provincia y nos han brindado todo su apoyo. Se envió a funcionarios administrativos clave a recibir capacitación. El IB brindó capacitación de nivel 1 en Charlottetown, lo cual permitió la participación de todos los integrantes de nuestro personal que estuvieran interesados. Esto proporcionó una muy buena introducción al IB —que la mayoría del personal no conocía— y sirvió para formar un conjunto de docentes que podrían enseñar el IB en nuestro colegio. 

Se realizaron reuniones con todo el personal, en las que los integrantes manifestaron una mezcla de entusiasmo y ansiedad ante el cambio.  ¿El programa del IB significará que el programa de la provincia perderá a los mejores estudiantes? ¿El tener clases menos numerosas para el IB significará que las otras clases serán más grandes? ¿Podrán alumnos y docentes responder a las expectativas más altas que plantea el IB?  Como solo podemos ofrecer una cantidad reducida de cursos, ¿podrán nuestros estudiantes lograr un buen rendimiento con estas opciones limitadas?

En las sesiones informativas que organizábamos para padres y alumnos, estos manifestaban un gran interés, pero también planteaban dudas e inquietudes. ¿Podrá realmente el personal brindar a nuestros hijos la educación que proponen? ¿El hecho de que se trate de algo nuevo significará que los alumnos serán como conejillos de indias? ¿Podrá mi hijo cumplir con el programa? ¿Por qué es mejor el IB que el currículo de la provincia?  ¿Cuánto cuestan los exámenes? ¿Qué sucede con las becas y el reconocimiento universitario? ¿Le dará el tiempo a mi hijo para completar los requisitos de CAS además de cumplir con su carga académica? Nuestra población internacional estaba entusiasmada ante la posibilidad de contar con un programa educativo con reconocimiento mundial, pero le preocupaba el nivel de dominio de inglés necesario para lograr un rendimiento satisfactorio. Hasta que el programa no esté consolidado y tengamos un grupo de graduados que sirvan de ejemplo a nuevos alumnos, seguramente seguiré escuchando estas preguntas con frecuencia. Estoy seguro que todos han escuchado estas mismas preguntas.

Aún hoy, a pocas semanas del inicio de clases, nuestros docentes del IB tienen sus dudas. Se preocupan por la evaluación del trabajo de los alumnos, las calificaciones previstas, la enseñanza del currículo, por asegurarse de que los alumnos tengan un buen rendimiento, la supervisión de las monografías, la necesidad de rendir cuentas, y otras cuestiones, porque todo esto es algo nuevo.

Entonces, ¿cómo se hace para avanzar ante tantas inquietudes sobre el cambio? Se necesita apoyo.

Nosotros tuvimos la suerte de que amigos de Nueva Escocia invitaran a nuestros docentes a participar en sus clases del IB, respondieran sus preguntas y brindaran orientación en diversas oportunidades. El Centro pedagógico en línea (CPEL) es una valiosa herramienta de apoyo para todos los docentes del IB, ya sean nuevos o experimentados. Brindar cursos del IB en línea es una gran oportunidad y abre la posibilidad para que alumnos de distintas partes del mundo colaboren, acercando experiencias internacionales a aquellos que de otra manera no tendrían esa oportunidad.

Estamos avanzando, nuestra primera clase del IB comenzó en setiembre de 2008. Aún estamos enfrentando desafíos porque el cambio es estimulante y a la vez sobrecogedor, pero estamos firmemente convencidos de que el programa del IB beneficiará a nuestros alumnos.

Hay un viejo proverbio africano que dice que “se precisa a todo una aldea para criar a un niño”. En el mundo del IB, se precisa a toda la comunidad mundial para crear un Colegio del Mundo del IB. El apoyo de la organización del IB, los gobiernos locales, los consejos de educación, los padres, alumnos y docentes del propio colegio y de la región, los instructores del CPEL y la gente de la comunidad en la que está inserta el colegio es todo lo que se necesita. No hay que ir muy lejos para encontrar el apoyo necesario para enfrentar los cambios, de manera que no importa cuán “rural” es el colegio.