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Perfil: Izamar Álvarez

Izamar Alvarez Como directora ejecutiva de FUNDACEA, la Fundación Colegio Experimental de Agricultura del Mundo Unido Simón Bolívar, la graduada del BI Izamar Álvarez ayuda a mejorar la agricultura no sólo en América Latina, sino también en otras regiones en vías de desarrollo, como descubrió Kath Stathers.

 

Izamar Álvarez es una chica de ciudad. Nació y creció en Caracas (Venezuela), donde aún vive con su esposo y sus dos hijos. Sin embargo, parece que los momentos que han marcado la vida de Izamar sucedieron lejos de la ciudad.

Además de ser miembro del Consejo de Fundación de IB y ex alumna del United World College (UWC) of the Atlantic (Gales), un Colegio del Mundo del BI desde 1971, Izamar es miembro fundador y directora ejecutiva de FUNDACEA, el organismo encargado de recaudar fondos para el Colegio del Mundo Unido de Agricultura Simón Bolívar de Venezuela (www.sbuwc.uwc.org). El colegio, situado en los Llanos occidentales, es el único Colegio del Mundo Unido que ofrece estudios de formación profesional de grado superior.

“A veces siento que somos la oveja negra de los CMU”, bromeó Izamar, en un intervalo de su apretada agenda que dedicó para conversar con IB World mientras se encontraba en el Reino Unido por motivos de trabajo, “pero los principios y objetivos del CMU Simón Bolívar y los de IB son los mismos.”

Los alumnos del CMU Simón Bolívar provienen de zonas rurales de toda América Latina y el Caribe, e incluso de Asia y África. Cursan unos estudios de tres años de duración sobre métodos y gestión de agricultura y desarrollo rural. Aproximadamente el 70% de su tiempo lo destinan a realizar proyectos prácticos en la comunidad local. “Deseamos que todos nuestros alumnos adquieran aquí las herramientas necesarias para ser agentes de cambio”, comenta Izamar. “Que no sólo aprendan a dirigir una finca, sino que también puedan relacionar lo aprendido con la realidad de la comunidad local.”

La idea de cambiar el mundo ha rondado por su cabeza desde que tenía apenas diez años.   Su familia vivió dos años en Inglaterra cuando su padre, que era médico, aceptó una beca en Londres. Izamar pasó uno de esos años en un internado en la zona rural de Sussex. “Fue mi primera experiencia internacional”, dice Izamar, “y aprendí que la gente a veces tiene una opinión muy limitada sobre las personas de otros países. Recuerdo que pensaba que no tenía mucho sentido.”

Allí, en la campiña británica, Izamar descubrió su vocación internacional. Su familia regresó a Venezuela, pero por un encuentro casual en la finca de un amigo, oyó hablar del United World College of the Atlantic. “Me gustó como sonaba”, cuenta Izamar. “Setenta nacionalidades conviviendo en un internado en un castillo de Gales. ¡Imagínate!” Recibió una beca y así fue como volvió a vivir en un entorno rural.

Al igual que muchos otros alumnos del BI, al principio quedó asombrada por las asignaturas que se ofrecían. Estaba estudiando Ciencias con la intención de seguir los pasos de su padre en la medicina cuando descubrió la opción de Estudios sobre la Paz. Su deseo era hacer algo en la vida que atendiese las necesidades de una gran cantidad de personas en lugar de las de un solo individuo, y los principios de IB concordaban con la conciencia social de Izamar. “Me interesé en el trabajo humanístico”, comenta.

Ahora, Izamar aplica dicha conciencia a su trabajo. “Creo que es un proverbio chino el que dice: ‘Dale un pescado a un hombre y lo alimentarás por un día, enséñale a pescar y lo alimentarás toda la vida’. En el Simón Bolívar nos concentramos en el desarrollo”, aclara.

Trabajar en el CMU Simón Bolívar no es su única experiencia en proyectos de desarrollo social. Además de obtener un título en antropología por la Universidad Central de Venezuela con sede en Caracas, Izamar participó durante tres años en el Programa de Liderazgo Internacional Kellogg, estudiando proyectos sobre comunidades en América Latina, Sudáfrica y Estados Unidos. “Fue fantástico”, asegura Izamar. “Abarcaba proyectos sobre salud, capacitación y alfabetización. Aprendí muchísimo acerca del modo en que las organizaciones trabajan con la gente.”

Asimismo, forma parte del Consejo de Fundación de los CMU, cuyas reuniones le permiten viajar por todo el mundo. En el ejercicio de sus funciones conoció al príncipe Carlos de Inglaterra (cuando era presidente de los CMU), a la reina Noor de Jordania y a Nelson Mandela. “Conocer a Mandela fue una de las experiencias más increíbles de mi vida”, señala Izamar. “Tiene un carisma impresionante. Él y Gandhi son quienes más han contribuido al entendimiento internacional.”

El esposo de Izamar le propuso matrimonio poco antes de que aceptara su puesto en el programa. “¿Estás seguro de que quieres casarte con una mujer que siempre esté de viaje?”, le preguntó ella.

Afortunadamente, él estaba seguro y, desde entonces, el compromiso de Izamar con la educación internacional no ha dejado de crecer, ya que además preside el Comité consultivo regional de América Latina para los Colegios del Mundo del BI, un comité voluntario que reúne a los distintos colegios internacionales de la región, 200 repartidos en 17 países. De este modo, Izamar puede plasmar sus ideales a nivel internacional desde un entorno rural.

 


 

“Aprender haciendo” en la finca del CMU

Inaugurado en 1986 por el Príncipe de Gales y el eminente ingeniero agrónomo Luis Marcano Coello, el CMU de Agricultura Simón Bolívar (www.sbuwc.uwc.org) es el único CMU que ofrece estudios de formación profesional de grado superior. Situada al pie de los Andes venezolanos, la finca de 750 hectáreas alberga a 180 alumnos, principalmente del Caribe y América Latina, y brinda un programa de educación terciaria práctica de tres años de duración que conduce al título de técnico superior universitario en administración de fincas.

El objetivo es dotar a sus alumnos con las habilidades que necesitarán para transformar las comunidades agrícolas de sus países natales en empresas rentables y autosuficientes que se preocupen por la conservación de los recursos naturales. Un principio fundamental del colegio es el de “aprender haciendo”, por lo que los alumnos dedican dos tercios de su tiempo a realizar trabajos prácticos en la finca.

Además, existe un amplio programa de desarrollo rural en el que participa la comunidad local y del que se benefician los miles de personas que viven en las inmediaciones de la finca, además de los 180 alumnos del colegio. Este programa no sólo enseña técnicas agrícolas y administración de fincas, sino que cubre también control de enfermedades, nutrición y salud. Los niños de la zona participan en grupos de alfabetización, en actividades deportivas y en una iniciativa para crear huertos en los colegios. El colegio recibe fondos de donantes particulares y de un plan gubernamental de préstamos para estudiantes.